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Fragmento de las palabras de Ricardo
Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del
Poder Popular de Cuba, en el panel “La Democracia y
el socialismo del Siglo XXI”, de la VI Cumbre Social
por la Unión Latinoamericana y Caribeña, el 1 de
agosto de 2007, en Caracas, Venezuela.
América Latina es testigo de cómo,
para impedir la caída, [Estados Unidos es capaz] de
recurrir a cualquier cosa. Cometería una falta
imperdonable si no mencionara por qué digo esto. A
periodistas que me hacen las preguntitas de siempre
-¿cómo está Fidel?, ¿cuándo vuelve al poder?, etc-,
yo les respondí: ¿dónde está Luis Posada Carriles?
Es lo que deberían preguntar y, de paso, denunciar
que hace más dos años la República Bolivariana de
Venezuela ha solicitado la extradición de este
hombre, para que siga el juicio que aquí se le
hacía.
Frente a las dos posibilidades que
tiene ante sí –lo extradita a Venezuela o
inmediatamente lo juzga allá en Estados Unidos, como
obligan los acuerdos internacionales-, Bush
descubrió una fórmula mejor: ignorar el asunto, no
hacer caso. Algún día puede ser que conozcamos
algunos documentos escritos en la lengua del enemigo
donde estos señores expliquen cómo fue que se
confabularon en la oscuridad para salvar a Posada
Carriles. ¿Qué significa eso en la práctica?
Sencillamente decirle a Cuba, a Venezuela y a los
demás pueblos de esta región que el que torturó, el
que asesinó, el que mandó a matar a tanta gente
inocente, va a seguir contando con el favor de los
Estados Unidos. Y al mismo tiempo, nos presenta la
otra cara de la moneda: la situación de los cinco
cubanos, con cuatro cadenas perpetuas y 75 años de
prisión, por descubrir los planes de los Posadas
Carriles que ellos protegen y que se dedican a
ejercer el terrorismo contra nuestros países.
The New York Times
publicó la semana pasada las declaraciones del
Departamento de Justicia, acerca de Leandro
Aragocillo, un norteamericano de origen filipino
condenado por espionaje. Nada más y nada menos le
ocuparon 733 documentos secretos de la Casa Blanca,
el Pentágono, el Departamento de Defensa y de otros
lugares. Lo condenaron a diez años de prisión. Tengo
compatriotas condenados a cuatro cadenas perpetuas,
sin haberle encontrado ni un pedacito de papel
comprometedor. Los condenaron sin haber presentado
pruebas contra ellos, sino además después que el
tribunal escucharon los testimonios de los testigos
que allí concurrieron, que dijeron que allí no hubo
espionaje alguno. La moraleja: cadena perpetua, si
tú vas a vigilar a Posada Carriles; diez años de
prisión, si tú realmente practicas el espionaje,
incluso en la Casa Blanca.
El Departamento de Justicia agregó
una frasecita que a mí me emocionó, francamente:
diez años es la condena máxima; si tiene buen
comportamiento en la prisión, el filipino puede
salir mucho antes.
Nuestros cinco compañeros son
profesores en sus prisiones: enseñan inglés,
matemática, español. Trabajan en las oficinas de
esas cárceles con una disciplina ejemplar. Jamás se
les ha criticado por mal comportamiento, pero
estarán encerrados cuatro vidas y 75 años solo por
combatir el terrorismo.
¿Cuál es el mensaje para nuestros
pueblos? Se ha implantado en Estados Unidos un
régimen que es capaz de recurrir a todo. No son
omnímodos, pero tienen suficiente fuerza para
destruir la Tierra y destruirnos a todos nosotros.
Por eso, en un momento de auge de las aspiraciones
revolucionarias particularmente en América Latina,
en un momento de grandes posibilidades y también de
enormes desafíos, necesitamos mucho pensamiento,
mucha reflexión y sobre todo mucha union.
(freethefive.org) 14-08-2007
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