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Política > Los Cinco Héroes Prisioneros del Imperio |
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La Historia no contada de los Cinco: Héroes prohibidos
I |
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1ra Parte
12-08-2009
Héroes prohibidos
Por Ricardo Alarcón Counterpunch Traducción: Cubadebate
“Tienes
que correr todo lo que puedas para mantenerte en el mismo lugar.” A través
del espejo, Lewis Carroll
¿Se acuerdan de Elián?
El caso de Elián
González, un niño de seis años forzosamente retenido por desconocidos contra la
voluntad de su padre y que en abierto desafío a la ley de los Estados Unidos y
de la decencia, fue reportado ampliamente por los medios del mundo. El lugar del
secuestro, Miami, se convirtió en un tipo de ciudad secesionista en Norte
América, cuando el Alcalde, el jefe de la policía, los políticos, todos los
periódicos y anunciadores de la radio y la televisión, junto a instituciones
religiosas y empresariales, se unieron con algunos de los más notorios grupos
violentos a las órdenes de los grupos terroristas y violentos para oponerse a la
orden de los tribunales y del gobierno, que era liberar al niño.
Fue
necesario enviar un equipo de las fuerzas especiales desde Washington DC, que se
lanzó en una operación subrepticia y rápida para ocupar varias casas, desarmar a
individuos que estaban fuertemente armados y escondidos en el barrio, y salvar
al niño y restaurar la ley. Todos siguieron la noticia. Día tras
día.
Pero casi nadie sabía que, al mismo tiempo, en exactamente el mismo
lugar -Miami- otros cinco jóvenes cubanos fueron arbitrariamente desposeídos de
su libertad y sujetos a una gran injusticia.
Gerardo Hernández, Ramón
Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González fueron detenidos
en las tempranas horas del sábado 12 de septiembre de 1998, y encarcelados por
los próximos 17 meses en cárceles de castigo. En solitario. La acusación
principal contra ellos, como fue reconocida por los fiscales y el juez desde que
se levantó el acta hasta el último día del juicio, fue que ellos habían,
pacíficamente, sin armas, penetrado los grupos terroristas anticubanos con el
objetivo de informarle a Cuba sobre sus planes criminales.
¿Era
concebible que algún revolucionario cubano tuviera un juicio justo en Miami al
enfrentarse con este tipo de acusación? ¿Pudiera eso ser posible durante el
secuestro de Elián, con el ambiente de violencia, odio y temor que lo
rodeaba?
De acuerdo con la Fiscalía, era
perfectamente posible. En sus palabras, Miami es una “muy grande, diversa y
heterogénea comunidad” capaz de tratar cualquier tema sensible, incluso los que
involucran a la Revolución cubana. Los fiscales repitieron esa línea, cuando
rechazaron más de diez mociones presentadas por los abogados defensores para
cambiar la sede antes del comienzo del juicio.
El mismo gobierno que se
vio obligado a tratar a Miami como una especie de ciudad rebelde y a enviar
secretamente fuerzas para restaurar la legalidad, mintió repetidas veces sobre
el tema de la sede, negándole a los demandados el derecho tan respetado por los
americanos, y se rehusó a mover el proceso a la ciudad vecina de Fort
Lauderdale, a media hora de Miami. Irónicamente, unos pocos años después, en el
2002, cuando el gobierno fue demandado civilmente en un caso administrativo de
mucha menos valía, posteriormente resuelto por un acuerdo fuera de la Corte, y
solamente indirectamente relacionado con el caso Elián, el gobierno pidió un
cambio de sede a Fort Lauderdale, afirmando que era imposible que cualquier cosa
relacionada con Cuba pueda ser juzgado justamente en Miami (Ramírez vs.
Ashcroft, 01-4835 Civ-Huck, June 25, 2002).
Esta contradicción flagrante,
prueba clara de una mala conducta de la Fiscalía, de prevaricación real, fue uno
de los factores principales en los cuales se basó la decisión unánime del panel
del Tribunal de Apelaciones, en 2005, para anular las condenas de los Cinco y
ordenar un nuevo juicio. (Court of Appeals for the Eleventh Circuit, No.
01-17176, 03-11087).
Esa histórica decisión fue posteriormente reversada
por la mayoría del tribunal bajo presión del Fiscal General Alberto Gonzales en
una acción contraria a la que supondría la práctica corriente del Derecho de los
Estados Unidos. La movida exitosa del Sr. Gonzales, una manifestación de su
filosofía legal peculiar, cerró la posibilidad de una resolución justa para este
caso que hubiese honrado a los Estados Unidos.
La decisión del panel, un
documento sólido de 93 páginas que reseñaba hechos irrefutables sobre la guerra
terrorista de medio siglo contra Cuba, sigue siendo un momento sobresaliente en
la mejor trayectoria norteamericana y perdurará como un texto que analizarán con
respeto académicos y estudiantes de Derecho.
Pero eso es otro capítulo en
la larga saga de los Cinco.
En cuanto a Elián González, él está a punto
de completar el preuniversitario y continúa atrayendo la atención de los medios
extranjeros y los visitantes que van a Cárdenas, el precioso pueblo donde vive.
Cuando ellos viajan hacia la casa de Elián, los sorprenden carteles que demandan
la libertad de Cinco jóvenes que seguramente los visitantes no conocían hasta
ese momento.
En las palabras de Leonard Weinglass:
“El juicio fue mantenido en secreto por los medios de
prensa norteamericanos. Es inconcebible que el juicio más largo en los Estados
Unidos hasta el momento en que este tuvo lugar fue cubierto solamente por la
prensa local de Miami, particularmente cuando fueron llamados a testificar por
la defensa generales y un almirante, así como un asesor de la Casa Blanca.
¿Dónde estaban los medios de prensa norteamericanos durante seis meses? No solo
fue este el juicio más largo, sino también fue un caso que involucraba
importantes asuntos de política exterior y terrorismo internacional. La pregunta
se le debe hacer a los medios norteamericanos, que continúan negándose a cubrir
un caso con tales violaciones de los derechos fundamentales, e incluso
violaciones de los derechos humanos de los prisioneros.” (Respuesta de Leonard
Weinglass, en el Foro organizado por www.antiterroristas.cu, el 12 de septiembre
de 2003.)
A Elián lo salvó el hecho de que los norteamericanos
conocieron el caso y se involucraron para que la justicia triunfara. Los Cinco
siguen presos -11 años el próximo septiembre- víctimas de una terrible
injusticia, porque a los norteamericanos no se les permite conocerlos. Los Cinco
son castigados cruelmente porque lucharon contra el terrorismo. Son héroes, pero
son héroes prohibidos. |
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2nda Parte
Justicia en el país de las maravillas
Publicado originalmente en el diario digital Counterpunch:
“The Cuban Five: Forbidden Heroes. Justice
in Wonderland”
Traducido por Geleny Ramos, del equipo de Cubadebate
“¡Primero la sentencia… el veredicto después!”
Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll
Derrotado el tema del cambio la sede, el resultado del
juicio de los Cinco ya estaba predeterminado.
Siguió estrictamente la profecía de la Reina.
Los medios norteamericanos jugaron un papel muy importante
en dos direcciones. Fuera de Miami un
silencio total; como muy hábilmente
describió el abogado Leonard Weinglass, en
contraste con el papel que jugaron en el
Condado de Dade, ofreciendo ambos, medios y
Corte, un show de impresionante disciplina.
Los medio locales no solo cubrieron el caso intensamente,
sino que intervinieron activamente en él,
como si fueran parte de la Fiscalía. Los
Cinco fueron condenados por los medios
incluso antes de ser acusados.
Muy temprano en la mañana del sábado 12 de septiembre de
1998, cada medio de comunicación en Miami
hablaba sin parar acerca de la captura de
unos “terrible” agentes cubanos, “dispuestos
a destruir los EEUU” (la frase que la
Fiscalía adoraba y repetiría una y otra vez
durante todo el proceso). “Espías entre
nosotros”, fue el titular esa mañana. Al
mismo tiempo, a propósito, el jefe del FBI
en Miami se encontraba con Lincoln Díaz
Balart e Ileana Ros-Lehtinen, representantes
de la vieja banda de Batista en el Congreso.
Una campaña de propaganda sin precedentes se lanzó contra
cinco individuos que no podían defenderse,
porque estaban completamente aislados del
mundo exterior, día y noche, durante un año
y medio, en lo que se conoce en la jerga de
la prisión como “el hueco”.
Un circo de los medios ha rodeado a los Cinco desde su
detención hasta ahora. Pero solo en Miami.
En el resto de los lugares de los EEUU la
dura situación de los Cinco solo ha recibido
silencio. El resto del país no conoce mucho
del caso, y se le mantiene en la sombra,
como si todo el mundo aceptara que Miami -esa
“comunidad muy diversa, y extremadamente
heterogénea”, según la descripción del
Fiscal- perteneciera efectivamente a otro
planeta.
Esto podría haber sido una proposición razonable, si no
fuera por algunos hechos vergonzosos que se
han descubierto recientemente. Algunas de
las personas de los medios involucradas en
la campaña de Miami -”periodistas” y
otros-fueron pagados por el gobierno de los
EEUU, figuraban en sus nóminas como
empleados de la máquina de propaganda
anticubana de la radio y la televisión, que
ha costado muchos cientos de millones de
dólares de los contribuyentes
estadounidenses.
Sin saberlo, los estadounidenses se vieron obligados a ser
muy generosos, de hecho. Hay una larga lista
de “periodistas” de Miami que cubrieron el
juicio completo de los Cinco, y, al mismo
tiempo, recibían jugosos cheques federales (para
conocer más del “trabajo” de estos
periodistas consultar el sitio http://www.freethefive.org/).
La decisión de la Corte de Apelaciones en 2005 también
brinda un buen resumen de la campaña
propagandística, antes y durante el juicio.
Esa fue una de las razones que llevó al
panel a “invalidar las sentencias y ordenar
un nuevo juicio”. Miami no era un lugar para
tener siquiera presencia de la justicia.
Como dijeron los jueces “la evidencia
presentada [ante el Tribunal de Miami]
respaldando las mociones para cambio de sede
fue masiva”. (Court of Appeals for the
Eleventh Circuit, No. 01-17176, 03-11087)
Vamos a aclarar algo. Aquí no estamos hablando acerca de
periodistas, en el sentido que pueden estar
pensando los estadounidenses fuera de Miami.
Nos estamos refiriendo a los “periodistas”
de Miami, que es algo muy diferente.
Su papel no era publicar las noticias, sino crear un clima
que garantizara las condenas. Incluso
convocaron manifestaciones públicas fuera de
las oficinas donde se reunía la defensa y
acosaron a los presuntos miembros del jurado
durante la fase anterior al juicio. El
tribunal en cuestión, mostró preocupación
por la “enorme cantidad de solicitudes de
vistas previas a los interrogatorios,
aparentemente con el objetivo de informar a
los oyentes, incluidos los posibles miembros
del jurado, acerca de las preguntas antes de
que el tribunal las hiciera”.
Estamos hablando sobre un grupo de individuos que acosaron
a los miembros del jurado, persiguiéndolos
con cámaras, por las calles, filmando sus
licencias de conducir y mostrándolas en
televisión; los rastreaban hasta adentro del
edificio de la Corte, por la puerta de la
habitación del jurado, durante los siete
meses completos que duraron los
procedimientos del juicio, desde el primero
hasta el último día.
La jueza Leonard más de una vez protestó y suplicó al
gobierno que detuviera una mascarada tan
deplorable. Lo estuvo haciendo desde el
comienzo del juicio, en varias ocasiones, y
hasta el final. No fue escuchada. (Official
transcripts of the trial, p. 22, 23, 111,
112, 625, 14644-14646).
El gobierno no estaba interesado en celebrar un juicio
justo. Durante el proceso de selección del
jurado, la Fiscalía estaba ansiosa por
excluir a la mayoría de los miembros afro-estadounidenses,
así como excluyó a los tres individuos que
no mostraron tener fuertes sentimientos
anticastristas.
Por esa fecha Elián González había sido rescatado, y
permanecía en las mentes de los miembros del
jurado. Uno de ellos dijo durante la vista
previa de los testigos: “Me preocuparía por
la reacción que podría haber…no quiero que
sucedan reyertas ni nada parecido a los
sucesos del caso de Elián”. O citando a
otro: “Si quieren saber la verdad…yo estaría
hecho un manojo de nervios, tendría miedo
por mi propia seguridad si no regresara con
un veredicto de acuerdo con los intereses de
la comunidad cubana”.
En medio de esa atmósfera de miedo comenzó el mayor juicio
hasta el momento en la historia
estadounidense, y el que los grandes medios
“decidieron” ignorar.
Ricardo Alarcón de Quesada es el Presidente de la Asamblea
Nacional de Cuba. |
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3ra Parte
El Rostro de la Impunidad
25 - 08
- 2009
Como reconocieron durante la selección del jurado, el secuestro de Elián
González y sus consecuencias para la comunidad estaba muy presente en las mentes
de aquellos que serían jurados en el juicio a los Cinco Cubanos unos meses
después de que el niño de seis años fuera rescatado por los federales.
Como todo el mundo, ellos habían seguido los hechos relacionados con Elián
que saturaron las noticias. Las caras de los secuestradores, de sus promotores y
seguidores, así como de otros involucrados en el escándalo se habían vuelto muy
familiares para los miembros del jurado. Las caras, y dos detalles del drama de
Elián con un carácter único y una conexión directa con el proceso de los Cinco
Cubanos.
Primero, la desconcertante conducta de todos los funcionarios públicos de
Miami, desde sus congresistas federales, el alcalde y los comisionados hasta los
bomberos y los miembros de la fuerza policial, quienes abiertamente se negaron a
obedecer la ley y no hicieron nada para ponerle fin al más publicitado caso de
abuso infantil ocurrido alguna vez. Y, en segundo lugar, pero no por eso menos
increíble, que nada le ocurrió a un grupo de individuos que de forma tan clara
había violado a ley con el secuestro de un niño y la violencia y los disturbios
que crearon en toda la ciudad cuando fue rescatado por el gobierno federal.
Nadie fue procesado, arrestado, ni multado. Ninguna autoridad local fue
destituida, sustituida, ni invitada a renunciar. El caso Elián demostró que la
impunidad anticastrista reina en Miami.
Cuando los jurados se sentaron por primera en la sala del tribunal para
realizar su deber de ciudadanos ellos probablemente se sorprendieron. Ahí, en
vivo, estaban las “celebridades de Miami” a las que ellos estaban tan
acostumbrados a ver, día y noche, en la televisión local. Y estaban todos
juntos, algunas veces sonriendo y abrazándose unos con otros, como viejos
compinches. Los secuestradores y los encargados de “hacer cumplir la ley” en
contubernio con los fiscales (esas valientes personas que nunca aparecieron
cuando un pequeño niño estaba siendo molestado frente a los medios de
prensa).
Los jurados pasaron siete meses en esa habitación mirando a, y siendo
observados por las mismas personas tan familiares para ellos y que ahora estaban
en el banco de los testigos, en el área del público o en la esquina de la
prensa, las mismas personas que ellos van a encontrar frecuentemente en el
parqueo, en la entrada del edificio, en los corredores. Algunos de vez en cuando
mostrando orgullosamente el atuendo usado en su última incursión militar a
Cuba.
Los jurados los escucharon explicar en detalles sus hazañas criminales y
decir una y otra vez que ellos no estaban hablando del pasado. Fue un extraño
desfile de individuos compareciendo ante una corte judicial y reconociendo sus
acciones violentas contra Cuba que fueron planeadas, preparadas y emprendidas
desde su propio vecindario.
Ahí, haciendo discursos, exigiendo el peor castigo, difamando y amenazando a
los abogados de la defensa.
La jueza hizo lo que pudo para tratar de preservar la calma y la dignidad.
Ella realmente le ordenó al jurado, muchas veces, que no considerara ciertos
comentarios inapropiados, pero haciendo eso no podían borrarse de las mentes de
los jurados sus efectos perjudiciales y aterradores.
Las consecuencias fueron obvias. La decisión del panel de la Corte de
Apelaciones lo planteó en términos muy claros: “la evidencia sacó a relucir las
actividades clandestinas no sólo de los acusados, sino también de varios grupos
de exilados cubanos y de sus campos paramilitares que continúan operando en el
área de Miami… La percepción de que estos grupos podían inferir daños a los
jurados que emitieran un veredicto desfavorable a sus puntos de vista, era
palpable”. (Undécimo Circuito del Tribunal de Apelaciones, No. 01-17176,
03-11087)
Pero había más. Después de oír y de ver la abundante
evidencia de actos de terrorismo contra Cuba que los acusados habían tratado de
evitar, el Gobierno defendió a los terroristas en el Tribunal Justicia
e, inexplicablemente, convenció al jurado de que debía exonerar a los Cinco de
su derecho de que se diera una instrucción al jurado acerca del estado de
necesidad.
El corazón de la cuestión, en este caso, fue la necesidad de Cuba de proteger
a su pueblo de los intentos criminales de los terroristas que gozan de total
impunidad en territorio de los EE.UU.. La ley en los Estados Unidos es clara: si
se actúa para prevenir un daño mayor, incluso si él/ella viola la ley en el
proceso, estará exento de cualquier incriminación porque la sociedad reconoce la
necesidad, incluso los beneficios, de ejecutar esa acción.
Estados Unidos, única superpotencia mundial, ha aceptado este principio
universal cuando se trata de la guerra en tierras lejanas en nombre de la lucha
contra el terrorismo. Pero al mismo tiempo, se negó a reconocerlo para cinco
hombres desarmados, pacíficos, no violentos que, en nombre de un país pequeño,
sin causar daño a nadie, trataron de evitar las acciones ilícitas de
delincuentes que han encontrado refugio y apoyo en los EE.UU..
El gobierno de EE.UU., a través de los fiscales de Miami, fue aún más lejos,
hasta la última milla, para ayudar a los terroristas. Lo hicieron muy
abiertamente, por escrito y con discursos apasionados que curiosamente no se
consideran de interés periodístico.
Eso sucedió en el 2001. Cuando los fiscales de la Florida del Sur y el local
del FBI estaban muy ocupados castigando duramente a los Cinco y ofreciendo
protección a “sus” terroristas, los criminales que ejecutaron el ataque del 11
de Septiembre se estaban entrenando, sin ser molestados y desde hacía bastante
tiempo, en Miami. Debieron haber tenido una razón de peso para preferir ese
lugar.
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4ta Parte
Inhabilitando
a los Cinco
29-08-2009
Los
desproporcionados tiempos de encarcelamiento
impuestos a los Cinco -Gerardo Hernández
Nordelo (dos cadenas perpetuas mas 15 años),
Ramón Labañino Salazar (una cadena perpetua
mas 18 años), Antonio Guerrero Rodríguez (una
cadena perpetua mas 10 años), Fernando
González Llort (19 años), y René González
Seheweret (15 años)- contrastan notablemente
con las que se han aplicado en años
recientes en los EEUU a otras personas
acusadas de verdaderamente ejercer el
espionaje, algunos en escalas inusuales, y
en otros casos vinculados a acciones armadas
violentas contra de los EEUU. Ninguno de
ellos fue condenado a cadena perpetua; todos
recibieron sentencias inferiores a las de
los Cinco. Algunos incluso ya cumplieron sus
sentencias y se encuentran en libertad, y
otros, condenados por espionaje, han sido
indultados por la administración de Obama y
han sido liberados.
Las excesivas sentencias de los Cinco son
una muestra de la vengativa motivación
política del juicio, como también son las
condiciones de su encarcelamiento,
incluyendo los muy severos obstáculos para
las visitas familiares, que llegan a tal
extremo de siempre negarle visas a las
esposas de René y Gerardo.
Sin embargo, hay un aspecto todavía más
revelador que demuestra que el propósito del
gobierno estadounidense era amparar y
proteger a los terroristas anti cubanos,
para evitar que se descubrieran sus planes
siniestros, además de convertirse en
cómplices y fachadas para futuras
atrocidades.
Para la administración Bush, esto era tan
importante o más, que los extravagantes años
de encarcelamiento. Esto fue lo que dijo de
manera vehemente y en términos gráficos la
fiscalía, cuando le pidió al Tribunal un
castigo adicional: “inhabilitación”.
¿Qué significa esto? En sus propias palabras,
para el gobierno era esencial asegurar que
estos Cinco individuos, luego de cumplir sus
sentencias en la cárcel, nunca más pudieran
hacer algo que pudiese afectar las
actividades de los terroristas que operan en
Miami bajo la protección del gobierno
estadounidense. Para garantizar esto, la
fiscalía pidió, y el tribunal garantizó,
provisiones especiales en cada sentencia,
asegurándose de que, luego de cumplir sus
sentencias en la prisión, incluso una o más
cadenas perpetuas, los acusados queden
imposibilitados de tratar de hacer aquello
que los llevó a la cárcel.
Gerardo, Ramón y Fernando nacieron en Cuba,
y como extranjeros indeseables, una vez que
cumplan sus sentencias en la cárcel, serán
deportados inmediatamente del territorio
estadounidense. Esto fue específicamente
incorporado en cada una de sus sentencias,
incluyendo a la de Gerardo, que luego de
pasar en prisión 15 años después de una
segunda vida sería inmediatamente deportado.
(Transcripción
de la Audiencia para las Sentencias ante la
Honorable Joan A. Lenard, 12 de diciembre de
2001, página 93).
René y Antonio presentan un problema más
particular. Nacidos en Chicago y Florida,
respectivamente, ambos son ciudadanos
estadounidenses por nacimiento, y no los
pueden obligar a abandonar el país. Para eso,
se requiere más imaginación y oratoria
inspiradora de parte de la fiscalía. Algo
que hizo con gran escala.
Necesitaban una explicación más franca y
precisa de la palabra “inhabilitación”.
Primero les tocó argumentar el caso de René,
sentenciado “solamente” a 15 años. La
fiscalía expresó plenamente su grave
preocupación que un hombre aún tan joven,
pueda ser liberado y vuelva a tratar de
hacer lo que había hecho anteriormente.
Conociendo la ansiedad del gobierno, el
tribunal añadió este requisito peculiar a la
sentencia de René:
“Como una condición especial adicional a la
liberación condicional, al acusado se le
prohíbe asociarse o visitar lugares
específicos donde se conoce que están, o
frecuentan, individuos o grupos tales como
terroristas, miembros de organizaciones que
promueven la violencia, y figuras del crimen
organizado.”
(Transcripción
de la Audiencia para las Sentencias ante la
Honorable Joan A. Lenard, 12 de diciembre de
2001, páginas 45-46).
Entonces tocó el turno de Antonio Guerrero,
quien había recibido una sentencia de cadena
perpetua más 10 años en prisión. La fiscalía
tuvo que valerse de todos los recursos de su
elocuencia. Para el gobierno la
“inhabilitación” era de vital importancia.
No podía correr riesgos, y cuando Antonio
Guerrero se enfrentó al Tribunal el 27 de
diciembre de 2001, le añadió a su sentencia,
palabra por palabra, la misma “condición
especial” que le había impuesto previamente
a René.
Todo esto sucedió en diciembre de 2001,
justo 3 meses luego del horror del 11 de
septiembre. Desde ese fatídico día, George
W. Bush se hizo famoso exigiendo una guerra
masiva contra los terroristas y contra
cualquiera que le diera a estos cualquier
tipo de ayuda. Solo una cita de su
repetitivas palabras: “Cualquier gobierno
que apoye, proteja o ampare a terroristas
será cómplice en el asesinato de inocentes,
e igualmente culpable de crímenes
terroristas”.
Tenemos que tomarle la palabra a George W.
Bush.
P.D. En octubre de 2011 René González habrá
cumplido su condena si la defensa no logra
sacarlo antes. En cualquier caso, él estará
bajo libertad condicional durante la actual
administración. ¿Intentará el presidente
Obama “inhabilitarlo”? ¿Se le prohibirá a
René hacer cualquier cosa que moleste a los
terroristas donde quiera que “se sepa que
estos estén o frecuenten”?
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5ta Parte
Los Héroes olvidados : Espías sin espiar
31 08 2009
Traducido por Cubadebate
El primer proceso, en septiembre de 1998, acusó a los cinco
cubanos de ser agentes no inscritos de Cuba y de violaciones de menor
importancia. El gobierno también acusó a tres de ellos -Gerardo, Ramón y
Antonio- de “conspiración para cometer espionaje” (segundo cargo de la
causa).
La Fiscalía no acusó a ninguno de ellos de espionaje en sí por una muy simple
razón: no habían cometido tal cosa y por lo tanto nunca pudieron haberlo
probado. Los fiscales fueron aún más lejos. En su declaración durante la
apertura del proceso, advirtieron al jurado que no deberían esperar que ellos
revelaran algún secreto o algo por el estilo. Lo único que tenía que hacer la
Fiscalía era “convencer” a los miembros del jurado que los acusados eran
maliciosas personas capaces de concebir un atentado que peligrara la Seguridad
Nacional de los Estados Unidos en algún futuro hipotético. Y, según este
argumento, los acusados tendrían que recibir el más severo castigo posible,
porque eran unos tipos verdaderamente malos y capaces de perturbar la paz y la
tranquilidad de Miami. ¿Recuerdan a Elián?
Para lograr ese objetivo de los fiscales, a pesar de lo que su propia causa
decía, hicieron las más inflamatorias declaraciones en el juicio, acusando a los
Cinco de al menos tratar de “destruir a los Estados Unidos” y recordándole a los
atemorizados miembros del jurado que si no los condenaban estarían “traicionando
a la comunidad”.
Los medios de comunicación se encargaron del resto. Ellos siempre han
presentado a los Cinco Cubanos como “espías”, o como personas acusadas de ser
“espías”. Los medios apretaron en su tarea. Ellos siguieron repitiendo el mismo
tema, incluso después de que la Corte de Apelaciones en banc concluyó
unánimemente en septiembre de 2008 que no había pruebas de que los acusados
hubieran “obtenido o transmitido información secreta” o de que habían dañado la
Seguridad Nacional de los Estados Unidos y por lo tanto decidieron que las
sentencias del Cargo Dos (conspiración para cometer espionaje) eran
erróneas. Decidió anular las sentencias y pedir la resentencia de Ramón y
Antonio. (Undécimo Circuito de la Corte de Apelaciones, No. 01-17176, DC,
Docket No. 98-00721-CR-JAL , páginas 70-81).
Sin embargo, a pesar de que reconoció que el mismo procedimiento debe
aplicarse a Gerardo, en un acto increíble de discriminación judicial, el
tribunal se negó a hacerlo aduciendo que una sentencia de muerte ya estaba
pesando en su contra.
De hecho, era muy fácil darse cuenta de que este caso no tenía que ver con
alguna información secreta o militar, y que la Seguridad Nacional de los EE.UU.
nunca fue afectada. Eso había dicho el Pentágono, en un lenguaje claro y
sencillo antes de que comenzara el juicio. Ese fue el testimonio, bajo
juramento, del almirante retirado Eugene Carroll (transcripciones de las
páginas oficiales del 8196-8301), general de Ejército retirado Edward Breed
Atkeson (Idem páginas 11049-11199), el general y ex comandante del
Comando Sur Charles Elliot Wilhelm (Idem páginas 11491-11547), y el
teniente general retirado de la Fuerza Aérea James R. Clapper (Idem páginas
13089-13235).
Sus testimonios no fueron secretos, pero se hicieron voluntariamente en un
proceso abierto y público. Probablemente ese desfile de jefes militares
distinguidos y decorados sosteniendo la inocencia de unos jóvenes
revolucionarios cubanos no había ocurrido anteriormente ante un tribunal de los
Estados Unidos. Esto no fue noticia fuera de Miami, pero las transcripciones
oficiales de la prueba están ahí para el que quiera leerlas.
Desde que los Cinco fueron condenados han ocurrido otros casos, cuyos
resultados contrastan claramente con el de los Cinco. Vamos a considerar
brevemente algunas de ellos.
Khaled Abdel-Latif Dumeisi, acusado de
ser un agente no inscrito del gobierno de Saddam Hussein. Fue condenado en
abril de 2004, en medio de la guerra contra Iraq, a 3 años y 10 meses de
prisión.
Leandro Aragoncillo fue condenado en
julio de 2007 de transmitir información secreta sobre la Defensa Nacional de los
Estados Unidos (alrededor de 800 documentos clasificados) obtenidos desde su
oficina en la Casa Blanca, donde trabajó como ayudante militar de los
vicepresidentes Al Gore y Dick Cheney. Aragoncillo fue condenado a 10 años de
prisión, mientras que su co-conspirador, Michael Ray Aquino, recibió una
sentencia de 6 años y 4 meses.
Gregg W. Bergersen, un analista del
Departamento de Defensa, fue condenado en julio de 2008 de proporcionar
información de Defensa Nacional a personas no autorizadas a cambio de dinero y
regalos, y fue sentenciado a 4 años y 9 meses de prisión.
Lawrence Anthony Franklin, un coronel de
la reservas de la Fuerza Aérea de EE.UU., que trabaja en el Departamento de
Defensa, fue condenado por ofrecer información clasificada de la defensa
nacional, incluyendo secretos militares, a los representantes de un gobierno
extranjero y fue sentenciado a 12 años y 7 meses de prisión. Sin embargo, nunca
fue a una prisión federal. Era libre y, mientras apelaba, el Departamento
de Justicia retiró los cargos que sustentaban su caso en mayo de este año.
Cabe decir que ninguno de estos casos fueron procesados en el sur de la
Florida, y ninguno de esos acusados participar en algún intento de frustrar los
planes criminales.
Los Cinco recibieron, en conjunto, cuatro cadenas perpetuas más 77 años.
Ellos no trabajaban en la Casa Blanca o en el Pentágono o en el Departamento de
Estado. No tenían y no trataron de tener acceso a alguna información secreta.
Pero hicieron algo imperdonable. Lucharon contra el terrorismo anticubano y lo
hicieron en Miami.
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6ta Parte
Acusación a la carta
Más de siete meses después de arrestar y encausar a los Cinco cubanos, el
gobierno de los Estados Unidos presentó un nuevo cargo. Otra vez, el cargo
era “conspiración”, pero esta vez para cometer homicidio en primer grado y,
específicamente, contra uno de los Cinco, Gerardo Hernández Nordelo.
La nueva causa se produjo después de una campaña publicitaria en Miami,
impulsada activamente por “periodistas” en la nómina del Gobierno de los EE.UU.,
incluyendo reportes de reuniones en lugares públicos entre conocidos líderes del
exilio cubano, los fiscales, y funcionarios del FBI, durante las cuales
discutieron abiertamente sobre la acusación contra Gerardo. Se convirtió
en una demanda clara de los grupos más violentos de la ciudad, y los medios
noticiosos la convirtieron en un tema medular cotidiano.
El Gobierno accedió al reclamo y presentó la nueva causa formalmente, con el
nuevo elemento esencial añadido a los “crímenes” de Gerardo.
Esta fue una concesión política a los terroristas anticubanos, que buscaban
vengarse del derribo de dos avionetas (modelo O2 utilizados por la Fuerza
Aérea de los EE.UU. primero en Vietnam y más tarde en las guerras de El
Salvador) por la Fuerza Aérea cubana el 24 de febrero de 1996. Las
avionetas habían sido utilizadas por miembros de un violento grupo de
cubanos. El derribo, en el espacio aéreo cubano, había ocurrido dos años
antes de que los Cinco fueran arrestados.
Por cierto, el momento era muy sospechoso. Según la información divulgada por
la fiscalía durante el juicio, el FBI había descubierto la verdadera naturaleza
de la misión revolucionaria de Gerardo en Miami y ya lo estaba monitoreando y
controlando sus comunicaciones con La Habana por lo menos un par de años antes
del derribo de las avionetas. Si ese incidente fue el resultado de una
“conspiración”, en la que Gerardo era un participante clave, ¿por qué no lo
arrestaron en 1996? ¿Por qué ese asunto ni siquiera fue mencionado en septiembre
de 1998 cuando detuvieron y encausaron a Gerardo?
Las avionetas le pertenecían a un grupo liderado por José Basulto, un
veterano agente de la CIA involucrado en muchas acciones de los paramilitares
desde 1959, incluyendo la invasión de Playa Girón y una serie de atentados
contra Fidel Castro. En los 20 meses anteriores al incidente, este grupo había
penetrado al espacio aéreo cubano 25 veces, cada vez denunciado por el gobierno
cubano.
Después de tantos démarches diplomáticos, el Gobierno de los Estados
Unidos quería aparentar sensibilidad. Inició una investigación sobre los
vuelos, pidió la ayuda de Cuba sobre los detalles de las provocaciones
anteriores, reconoció haberlas recibido y se las agradeció a Cuba. El 24
de febrero 1996 los procedimientos administrativos estaban aún pendientes, y
posteriormente la Administración Federal de Aviación (FAA) privó a Basulto de su
licencia de piloto y ya no volaría más (al menos no legalmente).
Los provocadores habían proclamado abiertamente que seguirían haciendo los
vuelos ilegales en el espacio aéreo de Cuba, e incluso declararon que la isla,
que en ese momento sufría su peor crisis - peor en términos económicos, que la
Gran Depresión, según un informe de Naciones Unidas- no era capaz de responder a
sus incursiones ilegales.
En enero, el Sr. Basulto trajo con él en el avión un equipo de televisión NBC
de Miami, quien filmó y difundió cómo sobrevolaron el centro de La Habana
lanzando propaganda y otros materiales. Cuba declaró públicamente que no
toleraría tales provocaciones más, e hizo las notificaciones necesarias a todos
las partes interesadas, incluyendo al Gobierno de los EE.UU., el Departamento de
Estado y la FAA, quien a su vez le advirtió a Basulto y a su grupo de abstenerse
de tales vuelos.
La supuesta “conspiración” era en sí misma una estupidez monumental,
incomprensible para cualquier mente racional. Se supone que el gobierno cubano
había decidido provocar una guerra total con los Estados Unidos, una
confrontación militar que, obviamente, habría dado lugar a un golpe terrible no
sólo para el gobierno cubano, sino para toda la nación y su pueblo. En relación
a cualquier delito, el móvil es siempre un factor clave. Decisivo. ¿Cuál
pudiera haber sido el móvil de Cuba, para provocar un evento precisamente
en ese momento, el más peligroso para la supervivencia de nuestro país sin
aliados o amigos en un mundo y un continente bajo el pleno control de los
Estados Unidos en 1996?
Cuba hizo exactamente lo contrario. Denunció una por una, cada provocación a
la FAA y a la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI, la Institución
de la familia de las Naciones Unidas que se ocupa de estas cuestiones) y envió
decenas de notas diplomáticas al Departamento de Estado. Pero Cuba fue más allá.
Hizo todo lo posible para llegar al más alto nivel del gobierno de los
Estados Unidos, a la Casa Blanca, tratando de prevenir más incidentes.
The New Yorker, en su edición de enero de 1998 dedicada a Cuba en ocasión de
la visita del Papa, incluyó un artículo serio y con un relato bastante objetivo
de estos esfuerzos cubanos. (Carl Naguin, “Annals of Diplomacy Backfire“, The New Yorker, 26
de enero de 1998,.)
Sí, hubo una conspiración para provocar la tragedia del 24 de febrero de
1996. Pero fue única y exclusivamente los mismos grupos que en Miami han lanzado
una campaña terrorista contra Cuba durante medio siglo. La misma pandilla
que posteriormente secuestró a Elián González, de seis años de edad.
Sucesos delictivos que siempre ejecutaron con impunidad.
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7ma Parte
Sucedió en Miami
07-09-2009
El Tribunal Federal de primera instancia del sur de la Florida no es un
tribunal internacional, ni tampoco es un organismo de la ONU que tenga
jurisdicción sobre asuntos que afectan las relaciones entre las naciones. Tiene
una tarea muy específica, que consiste en determinar si un acusado en particular
es o no culpable de un cargo concreto. Al darle instrucciones al jurado en
el caso de Gerardo Hernández, el tribunal recordó el lenguaje de la Causa del
Gobierno:
“El Cargo 3 alega que el acusado Gerardo Hernández
conspiró con otras personas para cometer homicidio, es decir, la matanza ilegal
de seres humanos con malicia dolosa y con una intención premeditada en la
jurisdicción especial marítima y territorial de los Estados Unidos.”
(Transcripción del juicio ante el Honorable Joan A. Lenard, 4 de junio de 2001,
páginas 14587 a 14.588)
La jueza Lenard señaló que Gerardo:
“Puede determinarse culpable de ese delito sólo si
se les prueban todos los de los siguientes hechos sin alguna duda
razonable. “Primero. Que las víctimas mencionadas en la acusación están
muertos. “Segundo. Que el acusado causó la muerte de las víctimas con malicia
dolosa. “Tercera. Que el demandado lo hizo con la intención
premeditada. “Cuarta. De que el asesinato ocurrió dentro de la jurisdicción
especial marítima y territorial de los Estados Unidos.” (Idem páginas 14598
a 14599)
Ella elaboró aún más:
“Matar con malicia dolosa quiere decir matar a
otra persona a propósito e intencionalmente … Para establecer un
delito de asesinato en primer grado, se requiere además prueba de una intención
premeditada. La premeditación se asocia típicamente con el asesinato a
sangre fría y requiere de un período de tiempo en el que el acusado lo piensa y
delibera sobre el asunto antes de actuar.
“Tendría que ser tiempo suficiente para que el asesino esté plenamente
consciente de su intención de matar. Se le indica que el lugar del
supuesto asesinato (como describe la Causa), si usted está seguro sin duda
razonable alguno que el crimen ocurrió ahí, esté dentro de la jurisdicción
especial marítima y territorial de los Estados Unidos.” (Idem páginas 14599
— 14600)
El delito nunca ocurrió. Durante los siete meses del juicio, la fiscalía no
presentó prueba alguna que implicara a Gerardo en el trágico suceso del 24 de
febrero de 1996, ni tampoco podía demostrar, “más allá de una duda
razonable”, el lugar exacto del incidente - algo que los expertos de la Oficina
de Aeronáutica Civil Internacional (OACI) no habían podido determinar.
Cabe señalar, sin embargo, que los radares de Cuba claramente demostraron que
el derribo ocurrió muy adentro de nuestro territorio, que los únicos restos que
econtraron fueron hallados muy cerca de las orillas de La Habana y que la Guarda
Costa de EE.UU., al no encontrar nada en el área internacional, pidió el 25 de
febrero oficialmente a través del Departamento de Estado permiso a Cuba para
hacer una búsqueda dentro del área de nuestras aguas territoriales. Los medios
noticiosos locales -los mismos “periodistas” a sueldo del gobierno quienes
inventaron la acusación del Cargo 3- se pusieron nerviosos y hasta anunciaron
inminente derrota.
Unos pocos días anteriormente, en cuanto la jueza le avisó a las partes de
sus instrucciones al jurado, los fiscales tomaron lo que ellos mismos
describieron como “el paso sin precedentes de peticionarle” -al tribunal de
apelaciones-
“un writ (orden legal) de prohibición” porque
“teniendo en cuenta la evidencia presentada durante el juicio, esto [las
instrucciones al jurado] constituye un obstáculo insuperable para los Estados
Unidos en este caso, y probablemente tendría como consecuencia el fracaso de la
Causa en relación con este cargo.” (Emergency Petition for Writ of
Prohibition, 30 de mayo de 2001, páginas 4 y 21)
Después de haber reconocido nuevamente que la instrucción al jurado “le
impone una barrera insuperable a esta fiscalía”, el gobierno le pidió al
tribunal de apelaciones que tomara una urgente decisión:
“Que le ordene al tribunal de primera instancia
que le instruya al jurado que no es necesario que el jurado determine que el
acusado Hernández o sus co-conspiradores del Tercer Cargo de la acusación
acordaron que los asesinatos ocurrieron en la jurisdicción especial marítima y
territorial de la Estados Unidos.
“Que le prohíba al tribunal de primera instancia a darle al jurado un patrón
de instrucciones sobre asesinato en primer grado y sobre el hecho de que el
acusado Hernández haya conspirado para cometer un asesinato premeditado.”
(Idem, página 39)
El Tribunal de Apelaciones denegó la petición de emergencia y
consecuentemente el juez de tribunal de primera instancia mantuvo las
instrucciones anteriormente citadas.
Algunos miembros del equipo de la defensa estaban ya felizmente celebrando
una victoria que hasta la fiscalía había previsto.
Sin embargo, los miembros del jurado tardaron unos pocos minutos, sin hacer
pregunta alguna, en declarar a Gerardo culpable de conspiración para cometer
asesinato en primer grado en la jurisdicción especial marítima y territorial de
los Estados Unidos. Un “delito” que no cometió, y que los propios fiscales
habían tratado desesperadamente de retirar.
Eso ocurrió en Miami. En Miami, es normal secuestrar impunemente a un niño de
seis años, ¿por qué pensar que sería tan difícil condenar a un joven por un
“crimen” que nunca ocurrió?
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Parte VIII
El juicio de Pryor
11 09 2009
Cuando la
histórica decisión unánime fue revocada a instancias del
Fiscal General de W. Bush (Remember Elian? CounterPunch,
Agosto 11, 2009), el mismo panel de tres jueces tenía que
escuchar los temas que quedaban además del de la sede, que
había sido sobre el que ellos habían expresado su memorable
opinión. Sin embargo, mientras tanto, uno de los jueces, el
mayor y el más liberal, se había retirado y otro fue
designado para sustituirlo. El elegido para ese papel fue
uno nombrado por Bush durante un receso del Senado, William
H. Pryor, cuya nominación, descrita como “una de las más
polémicas de la historia reciente”, había provocado un gran
revuelo en el Senado, que lo confirmó con la oposición de 45
senadores.
El Senador Kerry,
afirmó que el nuevo juez “ha sido un constante defensor de
la disminución de los derechos garantizados por la
constitución” con su “constante búsqueda de opiniones
legales extremas e incorrectas… como resultado nuestro
sistema jurídico federal tendrá menos habilidad para
proteger los derechos constitucionales que nos son tan caros”
(Actas del Congreso, Senado Junio 14, 2005).
Pryor fue
criticado por algunos de los principales periódicos, y fue
descrito como un “fanático de derecha que no está capacitado
para juzgar”. Sintetizando su historial Jeffrey St.Clair
manifestó: “él va mucho, mucho más allá que incluso muchos
de las ideólogos más extremistas en su partido”. (”Pryor
unrestraint“, CounterPunch, Junio 14, 2003).
El Sr. Pryor
escribió la opinión de rechazo de la Corte a los otros temas
presentados por la defensa con un lenguaje que en momentos
era más cercano a la vulgar diatriba y a las calumnias anti-cubanas
que al estilo balanceado y sobrio de los documentos legales
(incluso algunos terroristas bien conocidos, descritos
correctamente como tales por el panel anterior, fueron ahora
convertidos en patrióticos luchadores por la libertad).
Curiosamente, la acusación de “espionaje” fue fabricada de
forma tan torpe y el juicio de Miami incluía otros errores
tan obvios, que Prior tuvo que estar de acuerdo con los
otros dos jueces en anular las sentencias de tres de los
acusados. (Espías sin Espiar, CounterPunch Agosto 28-30,
2009).
Esta vez el panel
estuvo dividido en un punto crucial: el Cargo 3 -
conspiración para cometer asesinato. Uno de los jueces, J.
Birch, a pesar de coincidir con la opinión de Prior
reconoció que “este tema presenta un caso muy cerrado” y
reiteró “que la moción para cambio de sede debió haber sido
otorgada” agregando que “Los acusados estuvieron sujetos a
tal grado de daño basado en el demostrado prejuicio
dominante en la comunidad que sus condenas debieron ser
revocadas”. (US Court of Appeals for the Eleventh Circuit N.
01-17176, DC Docket No. 98- 00721 CR-JAL, Page 83).
La Jueza Phillys
Kravitch en una impresionante opinión discrepante de 15
páginas demostró la terrible injusticia cometida por sus
colegas en contra de Gerardo Hernández.
Ella señaló: “Un
país no puede legalmente derribar una aeronave en el espacio
aéreo internacional, en contraste con un país que derribe
una nave aérea extranjera dentro de su propio territorio
cuando los pilotos de esas aeronaves que han sido advertidos
en repetidas ocasiones que respeten los límites
territoriales, han dejado caer objetos sobre el territorio,
y cuando el objetivo de los vuelos es desestabilizar el
sistema político del país.
Así, la cuestión
de si el Gobierno suministró suficiente evidencia que
apoyara la condena a Hernández depende de si presentó
suficiente evidencia para probar que él estuvo de acuerdo en
derribar los aviones en el espacio aéreo internacional, en
contraposición con el cubano.” (Ídem Págs. 94-95) y a este
respecto “el Gobierno no pudo señalar ninguna evidencia.” (Ídem
Pág. 98).
Pero más allá del
tema de la ubicación del incidente “el Gobierno no pudo
aportar en lo absoluto suficiente evidencia de que Hernández
estuvo de acuerdo en el derribo de los aviones. Ninguna de
las comunicaciones interceptadas que el Gobierno presentó en
el juicio muestra un acuerdo para derribar los aviones. Como
mucho, la evidencia muestra un acuerdo para “confrontar” a
los aviones de “Hermanos al Rescate”. Pero una
“confrontación” no significa necesariamente un derribo.”
Para demostrar que
tenía razón hizo referencia a los testimonios y cintas de
video presentadas en el juicio: “Esta evidencia demuestra lo
obvio: existen muchas formas en las que un país puede
“confrontar” a una nave aérea extranjera. Pero el Gobierno
no presentó ninguna evidencia de que cuando Hernández estuvo
de acuerdo en ayudar a “confrontar” a “Hermanos al Rescate”
él haya accedido a que la confrontación fuera un derribo.
Concluir que la evidencia sí muestra esto va más allá de
meras inferencias a una total especulación… Debido a que
tanta evidencia señala hacia una “confrontación” y no hacia
un derribo, yo no puedo decir que un jurado razonable - dada
toda la evidencia - pueda concluir más allá de una duda
razonable que Hernández estuvo de acuerdo con el derribo.”
(Idem Págs. 96-97)
Esto era tan obvio que el mismo Gobierno había reconocido en
una petición de emergencia “sin precedentes” a esa misma
Corte de Apelaciones que demostrar la inventada culpabilidad
de Gerardo en un crimen tan fabricado constituía un
“obstáculo insuperable” para la fiscalía.
Ese habría sido el
caso con un “jurado razonable” en cualquier otra sede. Pero
no en Miami, donde los intimidados jurados estaban rodeados
en la sala del tribunal de una banda de individuos que
proclamaban sus proezas terroristas y habían sido capaces de
secuestrar a Elián González, siempre con total impunidad y
que se unieron al Gobierno en la solicitud del peor castigo
para Gerardo. Eso pudiera haber sido comprendido por
cualquier juez razonable. Pero no por un “fanático de
derecha que no está capacitado para juzgar”.
Alguien en la Casa
Blanca estaba feliz. Su nombrado en el cargo le sirvió bien.
A Gerardo le confirmaron sus dos cadenas perpetuas con el
voto renuente y paradójico de un juez, Birch, que insistió
en que las “condenas [de todos los Cinco] deben ser
revocadas” y una digna dama que mantuvo su opinión
discrepante: “el Gobierno no presentó ninguna evidencia”
para sostener su acusación.
Después del
vergonzoso fallo de Pryor los Cinco apelaron a la Corte en
banc. Esta vez ellos no estaban cuestionando una decisión
unánime y bien fundada - como hizo el Gobierno en el 2005 -
sino una claramente injusta y prejuiciada que había dividido
profundamente al panel en relación con el Cargo 3, con la
Kravitch rechazándola con impecable consistencia y Birch -
después de reconocer sus argumentos, pero ignorando la
presunción de inocencia y sus propias “dudas razonables” -
decidiendo de una manera rara unirse a la posición pro-Gobierno
y a la lógica neoconservadora de Prior.
Pero esta vez la
Corte de Apelaciones confirmó las discutibles conclusiones
del panel. Los jueces de Atlanta incluso se olvidaron que
fue a ellos a los que el mismo Gobierno les había hecho una
“petición de emergencia” admitiendo que no habían podido
probar la culpabilidad de Gerardo. |
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Parte IX
El reclamo ignorado
16-09-2009
Habiendo agotado todas las posibilidades de apelación, los
Cinco solicitaron a la Corte Suprema que revisara su caso.
No estaban pidiendo demasiado. Este era un caso que merecía
la atención de los magistrados de la Corte Suprema por una
serie de razones, algunas de naturaleza realmente
excepcional.
Durante todo el proceso – el más prolongado en su momento
en la historia de Estados Unidos – estuvieron presentes un
grupo de violaciones de derechos constitucionales, así como
contradicciones con otros circuitos (consideradas como los
asuntos principales a tratar por la Corte Suprema) en
importantes temas, tales como la sede, la discriminación
racial durante la selección del jurado, las sentencias y los
derechos de los acusados y sus abogados.
Este era, además, un caso vinculado directamente con
grupos terroristas y sus actividades dentro del territorio
de Estados Unidos – en un momento en que el terrorismo se
suponía que era el tema más importante – y con claras
implicaciones desde el punto de vista de las relaciones
internacionales; un caso en el cual Generales y jefes
militares e incluso un asesor principal de un Presidente
habían declarado como testigos. Tuvo la distinción de ser
único en varios sentidos.
La decisión unánime del panel original de la Corte de
Apelaciones, después de haber examinado todos los aspectos
del caso durante varios años, de anular todas las condenas y
ordenar un nuevo juicio, fue única en si misma, como lo fue
el documento de 93 páginas que la contenía. La decisión del
Gobierno, tomada al más alto nivel, de solicitarle a la
Corte en banc que la revocara fue muy excepcional y fue muy
raro que se lograra que la Corte accediera a una petición
tan inusual.
Por otra parte, no es algo corriente para un juez de
apelaciones solicitarle a la Corte Suprema que revise un
caso, mucho menos hacerlo dos veces como lo hizo el Juez
Birch, quién reiteró esa demanda mientras que
paradójicamente se unía a Pryor en su vergonzoso fallo.
Este caso fue único también en cuanto a la preocupación y
el interés en todo el mundo.
En el 2005, antes de la decisión del panel de la Corte de
Apelaciones, una decisión muy importante y también única fue
adoptada de forma unánime por el Grupo de Detención
Arbitraria de las Naciones Unidas. Esta es una entidad
completamente independiente, no un organismo
intergubernamental, con cinco jueces – uno por cada
continente – que no representan a ningún estado miembro de
las Naciones Unidas y que actúan exclusivamente en su
capacidad personal. Esos jueces estudiaron la situación de
los Cinco a pedido de sus esposas y madres. El Grupo pasó
varios años investigando el caso en su totalidad e
interactuando con los Estados Unidos mediante
correspondencia oficial. El gobierno cubano nunca fue
consultado, y no debía serlo, porque Cuba no era parte en
ese proceso.
Fue una decisión que hizo historia. El Grupo llegó a la
conclusión que la privación de libertad de los Cinco fue
arbitraria y en contravención de los Convenios de Derechos
Humanos de Naciones Unidas pertinentes y llamó al Gobierno
de Estados Unidos a que tomara medidas para remediar la
situación.
El grupo señaló que: “el juicio no tuvo lugar en el clima
de objetividad e imparcialidad que se necesita” y “el
Gobierno [de Estados Unidos] no ha negado que el clima de
predisposición y prejuicio contra los acusados en Miami
persistió y contribuyó a presentar a los acusados como
culpables desde el principio. No fue impugnado por el
Gobierno el hecho de que un año más tarde él mismo admitió
que Miami no era el lugar adecuado para celebrar un juicio
donde estaba probado que era casi imposible seleccionar un
jurado imparcial en un caso vinculado con Cuba.”
“El Gobierno no ha refutado el hecho de que los abogados
de la defensa tuvieron un acceso muy limitado a la evidencia
debido a la clasificación del caso por parte del Gobierno
como de seguridad nacional”, lo que “ha socavado el
equilibrio equitativo entre la acusación y la defensa y
afectó negativamente la capacidad [de la defensa] para
presentar evidencia contraria.”
Los expertos de Naciones Unidas señalaron que los acusados
“fueron mantenidos en confinamiento solitario durante 17
meses”, y como consecuencia “la comunicación con sus
abogados y el acceso a la evidencia y, con ello, las
posibilidades de una defensa adecuada se vieron debilitadas”.
Para concluir fallaron que estos “tres elementos
enunciados arriba, en conjunto, son de tal gravedad que
confieren a la privación de libertad de estas cinco personas
un carácter arbitrario”. (Informe del Grupo de Trabajo sobre
Detención Arbitraria E/CN.4/2006/7/Add.1 p. 66, Opinión No.
19/2005 – Estados Unidos de América)
Esta fue la primera y única vez en la historia de Estados
Unidos y en la historia de las Naciones Unidas en que un
organismo de ONU haya declarado un proceso judicial en los
Estados Unidos injusto y contrario a las normas establecidas
universalmente de derechos humanos y al Derecho
Internacional.
Pero esas conclusiones de cinco jueces independientes,
ninguno de ellos, por cierto, de izquierda o radical, no se
encontraban fácilmente en los medios norteamericanos y la
mayoría de los estadounidenses probablemente nunca han oído
hablar de ellas.
Muchos norteamericanos no conocen acerca de los Cinco
porque a ellos no se les permite saber.
No sólo el largo juicio de los Cinco fue mantenido en las
sombras, a los norteamericanos no se les ha permitido saber
que este caso ha estado muy presente en las mentes de muchos
millones de personas en todo el planeta. Los grandes medios
corporativos que no informaron sobre su batalla legal
colocaron una cortina de silencio similar alrededor del
amplio y creciente movimiento de solidaridad que los Cinco
han recibido de prácticamente todas partes, desde Irlanda
hasta Tasmania, desde Canadá hasta Namibia. Iglesias,
parlamentos, organizaciones de derechos humanos, sindicatos,
escritores, abogados y personas de todas las posiciones y
condiciones sociales han expresado su preocupación e interés
en todos los idiomas, incluyendo el inglés.
Pero la Corte Suprema no se tomó la molestia de escuchar. |
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Parte X
Un Insulto a la Humanidad
por Ricardo Alarcón de Quesada 17 de
septiembre de 2009 Reprinted from antiterroristas.cu
El 6 de marzo de 2009 doce documentos de Amigos de la
Corte (Amicus Briefs) fueron presentados en apoyo a la petición de
revisión de los Cinco. Ese fue el mayor número de documentos de este tipo
que haya instado jamás a la Corte Suprema a que revisara un caso
criminal.
Ocho de los documentos fueron presentados por
instituciones o personas en Estados Unidos: la Asociación Nacional de
Abogados Defensores Criminalistas; la Asociación de Abogados Defensores
Criminalistas de la Florida, Capítulo de Miami; el Proyecto Nacional de
Jurados; el Gremio nacional de Abogados y la Conferencia Nacional de
Abogados Negros; el Instituto William C. Velásquez y la Asociación
Política Mexicano-Americana; la Clínica de Derechos Civiles de la Facultad
de Derecho de la Universidad Howard; el Centro para la Política
Internacional y el Consejo de Asuntos Hemisféricos; y un amicus presentado
por los Profesores Nelson P. Valdés, Guillermo Grenier, Félix
Masud-Piloto, José A. Cobas, Lourdes Arguelles, Rubén G. Rumbaut y Louis
Pérez, distinguidos académicos cubano-americanos, autores de algunos de
los más importantes libros sobre la emigración cubana a Estados Unidos.
El apoyo de todo el mundo fue realmente
impresionante:
Un amicus fue presentado por diez Premios Nobel: José
Ramos-Horta (Presidente de la República de Timor Leste), Wole Soyinka,
Adolfo Pérez Esqivel, Nadine Gordimer, Rigoberta Menchú, José Saramago,
Zhores Alferov, Darío Fo, Günter Grass y Máiread Corrigan Maguire.
Otro, por una cifra récord de legisladores de todos
los rincones del planeta: fue suscrito por el Senado de México y la
Asamblea Nacional de Panamá en pleno, en ambos casos habiéndose
discutido y decidido por unanimidad. También por Mary Robinson, ex
Presidenta de Irlanda y ex Alta Comisionada para los Derechos Humanos de
Naciones Unidas; por decenas de miembros de todos los grupos políticos
del Parlamento Europeo, incluyendo tres actuales Vicepresidentes y dos
ex Presidentes y cientos de parlamentarios de Brasil, Bélgica, Chile,
Alemania, Irlanda, Japón, México, Escocia y el Reino Unido.
Este documento agregaba llamamientos similares de
otros Premios Nobel, el Arzobispo Desmond Tutu y Harol Pinter, y del
Consejo de Iglesias de América Latina, la Conferencia Permanente de
Partidos Políticos de América latina y el Caribe, el Parlamento
Latinoamericano, así como los otros órganos legislativos regionales y
resoluciones específicas de apoyo aprobadas por los parlamentos
nacionales de Namibia, Mali, Rusia, México, Brasil, Bolivia, Venezuela,
Perú, Irlanda, Suiza y Bélgica, entre muchos otros.
Dos documentos separados fueron presentados por un
amplio espectro de organizaciones de abogados y de personalidades:
Uno fue presentado por la Federación Iberoamericana
del Ombudsman, la Orden de Abogados de Brasil (con 700 000 miembros),
Asociaciones de abogados de Bélgica, la Asociación de Abogados de Berlín
y otras asociaciones alemanas, la Federación Internacional de Derechos
Humanos y un grupo de organizaciones religiosas, legales y de derechos
humanos, profesores de derecho, y abogados de Argentina, Chile,
Colombia, Ecuador, Alemania, Japón, México, Panamá, Portugal, España y
el Reino Unido. Entre las personalidades que firmaron estaban Federico
Mayor Zaragoza, ex Director General de la UNESCO y el Juez Juan Guzmán
Tapia de Chile.
El otro amicus fue presentado por la Asociación
Internacional de Abogados Demócratas; la Asociación Americana de
Juristas, la Asociación de Abogados de la India, Droit Solidarité, la
Sociedad Haldane y otras organizaciones legales de Italia, Japón,
Filipinas, Portugal y Bélgica.
Un grupo de abogados norteamericanos se ofrecieron
voluntarios para preparar esos documentos (como lo requiere la ley)
consultando y coordinando con las muchas personas involucradas y
presentando los documentos en tiempo y con el debido respeto a los
parámetros técnicos y de otro tipo que la Corte ha establecido. Cada
individuo o institución que presentaba un amicus tenía que identificarse
con datos específicos, firmar personalmente y pagar. De conformidad con la
Regla 37.6 de la Corte “ninguno de los abogados de ninguna de las partes
ha redactado este documento ni total ni parcialmente. Ningún abogado o
entidad, a no ser los amigos de la corte o sus abogados, realizó
contribución monetaria alguna con la intención de financiar la elaboración
o presentación de este documento”.
Fue un inmenso trabajo por el cual muchas personas
merecen ser reconocidas. Todos los documentos, junto con una lista
completa de los amigos de la corte pueden encontrarse en el blog SCOTUS
(www.scotusblog.com) y en www.antiterroristas.cu.
Nunca sabremos que fue lo que los magistrados o sus
asistentes pensaron, si es que lo hicieron, acerca de estos documentos.
Nadie sabe si ellos siquiera les echaron un vistazo. Los amigos de la
corte no recibieron ninguna respuesta ni comentario, ni siquiera un acuse
de recibo de un asistente.
Nadie sabe tampoco como se pronunciaron los magistrados
en relación con la solicitud de revisión. Solamente conocimos el 14 de
junio que la petición de los Cinco había sido rechazada junto con las
otras peticiones que la Corte había decidido no escuchar.
Un famoso poeta mexicano una vez definió la actitud
imperial de Estados Unidos con la combinación de dos palabras: arrogancia
e ignorancia. Al parecer la Corte es la suprema personificación de ambas.
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